es una figura simbólica y asimismo única. Nadie que el ha representado
mejor en su epoca nuestras virtudes espirituales. Y nadie en aquel
tiempo y mucho tiempo después alcanzó su nivel espiritual. Ygual de
significativo nos parece el hecho de que – y lo subrayamos – si hasta
entonces, nuestra cultura contaba con unos nombres – honrados – de
cronistas y otros sabios, hombres amantes del estudio y del pueblo,
como Ureche, Costin, Nicolae Milescu, Varlaam o Dosoftei, vemos que
gracias a Dimitrie Cantemir, nuestra pequeña cultura alcanza el nivel
de la gran cultura europea de aquellos tiempos.
La personalidad de Cantemir se destaca por complejidad y
profundidad. Erudito de formación enciclopédica, de estudios
superiores en las escuelas de gran tradición de Elada, el funda los
dominios que representan la base de cualquier cultura importante:
filosofia y moral, etnografia y folklore, investigación histórica y
geografica, teologia e incluso historia de las religiones, y por
encima de todo, de literatura. Su primera obra, Divanul sau Gâlceava
înţeleptului cu lumea (Iaşi, 169
muestra una asombradora madurez
intelectual para un joven de sólo 25 años. De su contenido nos
eneteramos de un verdadero código de vida del hombre sabio, lo que
encontramos dentro de unos siglos en la Glossa de Eminescu. Con su
Istoria ieroglifică (1705) Cantemir echa las bases de la novela en
nuestro país, en unos tiempos cuando, en Francia, Voltaire – con quien
el principe moldavo trabó amistad a través de las cartas – modelaba el
idioma nacional con los textos de sus novelas.
El hecho de que la novela de Cantemir no circuló en su epoca y no
pudo aportar una gran contribución a la evolución del genero en
nuestra literatura culta es otra cuestión. Hasta Ciocoii vechi şi noi
de Filimon (1862) habra de pasar mucho tiempo. Alcanzó la fama de
docto (de importancia europea) sobre todo por la obra Istoria
creşterii şi descreşterii Curţii Otomane, que la crearon la reputación
de especialista en cuanto a este dominio. La edición y la reedicionade
de su Istoria en los más hablados idiomas en Europa testifican el gran
interes del publico de aquel entonces. La consagración de docto muy
conocido Dimitrie Cantemir la habiá conseguido ya en 1714, cuando fue
nombrado miembro titularde de la Academia de Berlin. Debiá pasar mucho
tiempo hasta que otro rumano llego a ser miembro de una academia
extranjera. Como solicitud de parte del gran club de los científicos
alemanes, el principe moldavo escribirá Descriptio Moldaviae (1716),
obra con la cual a veces esta relacionado su nombre. El valor
excepcional de la obra sobre el establecimiento de los rumanos en el
espacio geográfico y espiritual europeo no necesita destacarlo más.
Podemos imaginarnos cuanto les importaba a los extranjeros la figura
del erudito rumano, llevando peluca y armadura, que ellos quisieron
saber detalladamente que tipo de país era su Moldavia natal. Como
testimonio de la apertura del erudito rumano fuera de su mundo
patriarcal y ancestral, podemos mencionar Cartea sistemei sau a stării
religiei mahomedane (Petersburg, 1722). De aquí en adelante, Mircea
Eliade empezará – dentro un par de siglos – su camino hacia el estudio
de disintas religiones del mundo, también un espíritu de vacación
universal. Como un canto del cisne y culminación de la obra de
Cantemir es Hronicul vechimei a romano-moldo-vlahilor (1722), trabajo
que llego a ser dentro de poco tiempo el libro más importante de los
corifeos de la Escuela Transilvana. No es casualidad que la Academia
Francesa le rindió homenaje con las mismas palabras con las cuales le
había rendido homenaje a Moliere: „rien ne manquait a sa gloire, il
manquait a la notre”. De verdad, la cultura rumana puede dejar al
panteón de su posteridad la corona de elogios debida a los hombres más
importantes. Principe de nuestra cultura antigua, el es, al mismo
tiempo, un nombre venerable del patrimonio cultural europeo e
universal.
Daniel DRAGOMIRESCU

Niña, pon tus manos en mis rodillas,