ADÁN
To the happy few
1
Señor,
Tuyas son, de Tus pies
las plantas de las montañas.
Miráme, vengo
en un sendero de púas y ajenjo
dibujado en el Valle del Llanto.
Vivo estoy todavía
mi cuerpo es de barro,
mi mirada salada.
El viento de la muerte me lleva,
como a un terrón-hijo
hacia el monte-padre.
Espíritu ardiente, renacido
y olvidadiza tierra,
como fui,
al principio,
bajo la planta de Dios,
en la divina
palma.

2.
Se esfuerza el sueño en la noche entera
en lo que algunos llaman inconsciente
se esfuerza con sobriedad y atentamente
en discernir, cernir, seleccionar
la sórdida información, y colosal,
que enfurecida embiste contra el alma,
intenta él, el guardia abismal
sacarla del abismo – y matarla.
Es una lucha incierta e implacable
El ataque es más salvaje cada día
Y huestes necias, absurdas, impías
Dilátanse encrespadas como el mar.
Mas no claudica el sueño. El sueño acata
Un único y divino mandamiento.
Del alma puesta en cruz está extrayendo
Clavos llenos de sangre, rojas lanzas.

6
Dios, sé bien
que voy a llegar algún día
el desgraciado de mí
ante
el que es el camino,
la verdad y la vida.
como voy a ser capaz
yo, que soy sólo debilidad y desesperación
¿Cómo voy a llegar a acercarme
a aquella luz
que estalla hasta el negro vientre de la sepultura?
¿Cómo voy a pasar
más allá de parajes, de tiempos,
yo que tampoco vivo, sino,
de hecho,
me estoy estremeciendo?

10

Reniego y me reniego de todo lo que tengo
de hecho, ¿qué significa eso de tener?
Solo estoy. Estoy caído. Soy ha’ adham*
y a mi lado mi mujer está.
En cuanto ser primordial en el paraíso
no tengo ascendencia. Y mis descendientes
son enemigos de sí mismos, y míos también.
Los hijos de mi carne me han deshonrado.
Y Eva, que me regaló Aquél
que me creó, es parte de mi cuerpo.
Somos nosotros en Dios un único cuerpo.

En el mundo pues estamos sólo yo y Él.

*ha’ adham (hebr.) – hombre de tierra

Trad. Andreea Adam, Corina Jurcul